Brújula

Vuelvo a caminos antiguos

Viejos senderos que recorrí con mi brújula de sueños.

Caminos que me hace pensar en letras y en vientos de colores

Colores que son sentimientos

Sentimientos que a veces me aplastan

O me lanzan en la cueva del conejo.


Otra vez recorriendo el camino de los tonos graves

Melodía que traslada mis edades cortas y que se repiten en mis cegueras

Melodías despiadadas que me atrapan en mis huesos.


Veo el mar reflejo de mi espíritu

Veo los rostros de quienes están en la otra orilla

Los distingo en sus historias, en las huellas que dejaron en mi piel.


La ambivalencia del ser que siente

Mi ambivalencia frente a la alegría del amor

Y la tristeza de mis jaulas.


Desolación del camino abierto y a la vez vacío.

Desolación que respiré y entró en mis pulmones

Mi corazón y mis vísceras.


Vuelvo al camino antiguo

Ya conozco sus reveses, sus telarañas que envuelven y engañan.

Mi brújula aún la guardo

Siempre bajo mi almohada (por si otra vez me perdía)





Escapé de las calles y sus luces que me enceguecían

Escapé del ruido que distraía mi conciencia

Escapé de los tumultos, del comercio, de las vitrinas

Escapé de la vida que había tejido

Y me posé en el extremo para poder encontrar el punto medio.


Desde aquí observo,

Desde el rugido del viento que azota con fuerza mi silueta

Desde las noches largas

Y los días níveos

Desde el frío que va y viene junto a los rayos del sol

Desde las pocas calles quietas que se extienden frente al mar

Desde la quietud de las aves que planean frente a mis ojos.


Así encontré la Tierra

Tierra de fuerzas indómitas, tierra virgen, potente

La encontré aquí jugando inquieta

Soplando blanco cuando quiere cambiar el tapiz de su casa

Danzando soles cuando quiere vestirse de verde.


Y es aquí donde se esconde

Donde aún convive con hombres

Donde aún habla a quien quiera escucharla

Impredecible

Soñadora

Creadora.

Tierra brava, rebelde

De historias miles que transitan en sus escondites

Escondites que ahora también son míos...







Mañana oscura

De luces perdidas en un sol que aún duerme.


Mañana fría

Que hiere mi piel de solo querer respirarte.


Mañana dura que me incita a la inercia

Al ver tus calles vacías.


Despertar blanco

Pisando escarcha, quebrando hielo,

Endureciendo mis sentidos para no caer en tu níveo letargo.



Camino en tiempos eternos,

Camino sintiendo el roce del viento en mi rostro.

A veces hiriente, a veces suave

Camino a mi ritmo

Pulsando corazón ardiente.


Mis ojos se posan en el azul inmenso

Tan limpio, tan silencioso

Y en las llanuras vacías

A cielo abierto clamando verde.


Y en tu azul salino oscuro

Espejo de atardeceres incendiados.

Vuelo a tu luna de sueño

Me quedo en tu brillo de hadas

Creando sueños de mundos sumergidos.


Mi razón palpita en mis venas

Instinto que crece en mis constelaciones

Me reinvento en nuevas caras

Me reinvento para encontrarme cada vez mas cerca

Mas cerca de lo que busco y que ya tengo

Mas cerca de las sonrisas que nacen desde la nada.




Me sabe distinto el correr del tiempo

Mas lento en sus segundos

De caminar acompasado

De pasos lánguidos que a veces me empujan junto al rugir del viento.


Mi marcha se hace diferente

En mis ojos que se abren en seis dimensiones

En mis oídos que escuchan el silencio de las voces sumergidas

En mis piernas empujadas por la vida que brota desde el frío.


Océano aprisionado en dos orillas

Desolación a un paso de su arena

Distancia que se acrecienta con el bramido de sus olas

Yo, trasplantada a un trozo de tierra de mil ojos.


Historias por miles leo en tus esquinas

Me acompañan tu aroma a madera quemada, vida muerta

que teje tus pampas eternas.


Y heme aquí aplastando tus viejas calles

Y danzando sobre tus impredecibles mareas

Escuchando la lluvia que golpea mi techo

Que golpea incesante, como queriendo entrar a guarecerse entre mis brazos.

Y yo que me desarmo en ellas, en miles que humedecen mi cuarto

Mi almohada

Y mis sábanas…